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S. JULIAN DE LOS PRADOS

Campo de San Francisco, situado en el centro de la Ciudad constituye su auténtico pulmón. Es el parque más tradicional de la ciudad, cuenta con una alta y espesa arboleda. Está bien equipado con un quiosco de música y varios pabellones, fuentes, bancos y paseos, entre ellos el histórico de El Bombé. 
 

CATEDRAL SAN SALVADOR. (Gótica S. XVI)  
Se inicia su construcción en el S. XIV, a partir de la primitiva Basílica de El Salvador edificada por Fruela I. En ella se pueden encontrar elementos de diferentes estilos: Prerrománico (S IX) en la Cámara Santa. De la antigua Basílica la torre Románica del S. XI. El estilo Gótico se puede observar en la Torre, Claustro, Sala Capitular y Retablo. Renacimiento y Barroco en la Girola y Capilla del Rey Casto.
 

SANTA MARIA DEL NARANCO. (S. IX)  
Situada en el Monte Naranco, a 3.5 km del centro de la ciudad. Palacio de dos plantas con grandes miradores al exterior en la planta alta, mandado contruir por Ramiro I como lugar de descanso de los reyes en terrenos de caza. Patrimonio de la humanidad.

SAN MIGUEL DE LILLO. (S. IX)  
Templo mandado construir por Ramiro I. Situado a 300m. De Santa Maria del Naranco. Cuenta con pinturas en su interior y destacan las jambas de la puerta de acceso. Patrimonio de la Humanidad.
 
 

SAN JULIAN DE LOS PRADOS. (S. IX)  
Templo Edificado por Alfonso II. Es el edificio más antiguo y de mayores dimensiones del Prerrománico Asturiano. Posee importantes pinturas al fresco. Patrimonio de la Humanidad.
 
 

A escasos 5 kilómetros de Oviedo, la aldea asturiana tiene una de sus mayores glorias etnográficas en la localidad de Bueño (Ribera de Arriba). Con cerca de 50 hórreos y paneras, casi puede decirse que en este pueblo hay tantos graneros asturianos como viviendas. La densidad de estas construcciones y el buen estado de las mismas permite a Bueño presumir de ser una aldea de verdad, de las que bien merece una atenta mirada. Sus caminos y callejuelas, sus quintanas y fincas guardan una armonía esencialmente asturiana; todo un arquetipo de identidad rural. 
 

El casco histórico de Oviedo guarda un sabor decimonónico difícil de encontrar en otras ciudades españolas. A parte de que su patrimonio sea realmente considerable, rehabilitaciones y reconstrucciones de la última década se han preocupado en exclusiva de enfatizar este carácter histórico. Las calles peatonales, sin presencia de coches y apenas otro tipo de vehículos contemporáneos, hace que la sensación de volver atrás en el tiempo sea más efectiva si cabe.

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